Hoy un año
Zaragoza, 24 de febrero de 2006
Estimados amigos todos,
Escribo estas líneas con una buena dosis de satisfacción y esperanza. Satisfacción por el deber cumplido hasta hoy y esperanza en el futuro. Mucho es lo que hemos hecho, estoy convencido de que mucho es también lo que nos queda por hacer.
Hace ahora un año, tal fecha como hoy, las Cortes Aragonesas nos concedieron el reconocimiento de nuestra Universidad. Yo aún no trabajaba aquí, sí es cierto que por la amistad que me une a los que ya lo hacían, sentí como mía esa concesión y así lo celebramos. No menos importante es la satisfacción que sentí como hombre, crear una Universidad no sólo va unido a la transmisión de unas enseñanzas académicas, y en nuestro caso una enseñanza integral. Dar origen a una Universidad es contribuir a la sociedad, favorecer la cultura, incentivar la investigación y el desarrollo, participar en definitiva de esa virtuosa labor que es el bien común.
Mes y medio después yo ya formaba parte del proyecto. Recuerdo aquellos inicios con añoranza pese a las incertidumbres vividas, hoy en gran media cubiertas. Y digo en gran medida, otras muchas surgen, ese es el acontecer que nos depara la continuidad de la existencia. Esa es la mayor razón de que gozamos del gran valor de la vida.
Aquí se conoce y se enseña la sabiduría. Todos contribuimos desde nuestros sitios: alumnos, docencia y no docencia. Tenemos la obligación de practicar esa sabiduría. No sea que nos pase como a quien pusieron a mostrar tesoros valiosísimos, pero no tuvo derecho a poseerlos ni disfrutarlos.
Fundamental resulta tener presente que en el desarrollo de nuestras actuaciones, en todas y cada una de ellas, la influencia se producirá también sobre toda la sociedad. Se quiere decir con ello, y me parece que no descubro nada, que la Universidad cumple una función de servicio social. El cumplimiento de ese servicio social estará presente en toda acción de la Universidad y constituye, a su vez, razón de ser de la propia Universidad.
La principal de las funciones que realiza la Universidad dentro de ese servicio a la sociedad es, ni más ni menos, que la búsqueda de la verdad. Con ello se busca dar solución a una de las más importantes necesidades humanas, la búsqueda constante de la verdad. Se trata de un serio y permanente progreso en el saber, saber en su totalidad y en su plenitud.
Cualquier sociedad, y la nuestra no está exenta de ellas, tiene multitud de amenazas que constantemente se vierten sobre el hombre y la mujer como máximos protagonistas de la misma. En muchas ocasiones estos peligros son consecuencia del propio devenir del sistema. A su vez, y creo no descubrir nada, la educación tiene mando sobre el sistema; es lógica su influencia sobre el dinamismo de la misma.
Por todo ello es importantísimo que la Universidad cumpla la función anteriormente comentada y lo haga desde la máxima responsabilidad, con el cumplimiento estricto de sus obligaciones.
La Universidad debe ser ese sitio donde se busque y se diga la verdad, se diga y se oiga. Aquí se debe llevar a cabo, con absoluta independencia e imparcialidad, todo el esfuerzo por esa búsqueda constante de la verdad; de la absoluta y entera realidad según los métodos científicos. Se trata del ejercicio de la crítica libre, desde la que se construye y se progresa.
Nuestra Universidad San Jorge cuenta además con el baluarte de su ideario, su inspiración y humanismo cristiano; partir de la raíz primigenia de la dignidad, la libertad y la inteligencia humana. Este punto de salida constituye toda una ventaja en esa maravillosa aventura que a la Universidad le ha sido asignada. Esta identidad no quita nada a la Universidad, sino que más bien la valoriza al máximo.
Es muy importante que todo el personal universitario, docente y no docente, sea conocedor de lo aquí expuesto. Unos y otros, independientemente de la función que realicemos, somos responsables de esta tarea encomendada en el ejercicio de nuestras acciones.
Por lo tanto cualquier actividad de la Universidad San Jorge tiene en si misma, por pequeña que esta sea, una trascendencia por su contenido y consecuentemente una responsabilidad hacia el exterior.
Esta situación queda perfectamente reflejada en la labor comercial y promocional, departamento al que yo pertenezco, primer contacto humano para muchas de las personas que pueden posteriormente pasar a formar parte de esta casa. A pesar de ello es muy importante ser consciente de que todas nuestras acciones, independientemente del departamento del que procedan, tienen un componente comercial. De ahí la importancia de asumir y vivir conjuntamente lo aquí expuesto.
No me gustaría acabar sin hacer una mención a la convergencia europea a nuestro nivel educativo, ésta puede favorecer extraordinariamente el organigrama universitario y así ayudar a la orientación del estudiante. Por estos y por otros muchos motivos, son varios los cambios requeridos, damos la bienvenida a una iniciativa tan saludable.
No es menos cierto que, a la vez, muchas son las inquietudes e incertidumbres que crea en el ambiente universitario este propósito. Por ejemplo, resulta curioso que el primer intento de convergencia en el ámbito educativo por parte de la Unión Europea haya empezado por el final. Muchos son los estadios en la política educativa que requieren de reformas y no únicamente los universitarios. Bienvenida sea en cualquier caso. La apertura del mercado de trabajo y la extinción de barreras laborales debe ir inseparablemente unida a la normalización y homogenización de las titulaciones y sus planes de estudio, la libertad de enseñanza y la igualdad en el reconocimiento de todos los derechos debe ser la mayor y mejor consecuencia.
Nada más. Uno en este momento a toda la familia de la Universidad San Jorge, ante la mirada de Dios, al inicio de un nuevo tramo del camino en el compromiso científico y formativo.
Un fuerte abrazo a todos y felicidades.
Juan Marcos LL
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